En 1943 en la Argentina podías seguir a la orquesta de tangos de Aníbal Troilo, ir a los cines de la calle Lavalle y oír novelas radiofónicas. La actriz Eva Duarte protagonizaba una serie radial sobre mujeres célebres de la historia: María Antonieta, Ia emperatriz Carlota, Aladame Dubarry.... Eran bastante atroces, y la actriz era pésima. Tomás Eloy Martínez transcribe a la perfeccion sus parlamentos en su exitosa y espléndida novela, Santa Evita. "¡Macksimiliano sufre, sufre, y yo me vuá vover loca!". Las películas de ED, como anota TEM, parecen filmadas antes de la invención del cine. Y en la portada de la revista Antena, Eva Duarte aparecía a veces con trajes de baño de mal corte, o disfrazada de marinero. En 1944 Perón y Eva Duarte se habían conocido y frente a las multitudes, interpretaban su propia radionovela sin necesidad de imaginar, él, que era César, y ella, que era Cleopatra.
Desde ese momento en adelante Eva Duarte y Juan Perón iban a interpretar a dos personajes llamados "Eva Duarte" y "Juan Perón", o como lo indica TEM, dejaron de distinguir entre verdad y mentira, decidieron que la realidad sería lo que ellos quisieran: actuaron como novelistas. "La duda había desaparecido de sus vidas."
Eva Duarte, nacida en el "pueblecito" de Los Toldos el 9 de mayo de 1919, hija natural, muchacha prácticamente iletrada que nunca aprendió ortografía, que decia "voy al dontólogo”, fue llevada a Buenos Aires, a los quince años, por el director de una orquesta de tangos, llamado Cariño, quien acostumbraba disfrazarse de Chaplin.
Cuando Eva comenzó a ascender, la oligarquía y las elites argentinas le opusieron el desprecio más feroz. "Esa mina barata, esa copera bastarda, esa mierdita”.
El arma histórica de la vendetta de Evita fue una sola: no perdonar a nadie que la humilló, la insultó, la golpeó. Pero por sobre todas las cosas: Eva Duarte creía en los milagros de las radionovelas. "Pensaba que si hubo una Cenicienta, podía haber dos."
Tomás Eloy Martínez recuerda, y describe, la afición de los militares argentinos por las sectas, los criptogramas y las ciencias ocultas, culminando con el reino del "Brujo" López Rega, eminencia gris de la siguiente señora Perón, Isabelita.
Respuesta: la realidad es ficción.